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Probaditas y más: ¡llegó la hora de ABLACTAR!

10 Nov

Nuestro bebé crece día a día y el tiempo corre como agua. Apenas y podemos creer que esa hermosa personita que conocimos por primera vez con tanta ilusión,  ha crecido en fuerza y habilidades, en salud y en amor. Ahora, con casi 6 meses de vida,  se acerca una de las etapas más divertidas e importantes: complementar la leche con alimentos sólidos.  Digo divertida, porque veremos como nuestro bebé se embarra, escupe, juega y bueno, finalmente, ¡come! E importante,  porque una nutrición adecuada durante los dos primeros años de vida, es la piedra angular del desarrollo integral de nuestros hijos. Y como no solo de pan vive el hombre, cabe mencionar que en esos dos primeros años, la nutrición de nuestros peques no solamente se debe basar en una adecuada elección de alimentos en cantidad y calidad, sino también en buenos hábitos de alimentación y amor, mucho amor. Como sé que esto último no es lo que les hace falta, nos concentraremos, en las próximas Chiqui-Notas, en los dos primeros puntos.

¡Aprendamos a Comer!

Como padres deseamos que nuestros hijos tengan todas las oportunidades para ser personas de bien y exitosas. Créanme cuando les digo que, la mejor herencia para nuestros peques y las siguientes generaciones, es la educación. Ofrecerles herramientas para ser niños, adolescentes y adultos felices y responsables, es nuestro mejor regalo de vida. Y así como el amor nace no solo de la vista, sino del estómago (“barriga llena, corazón contento”) unos buenos hábitos de vida nacen de unos buenos hábitos de alimentación.

Como todos los buenos hábitos, nunca es tarde para aprenderlos y el principio siempre es lo más difícil. Se requiere de paciencia y constancia, así como de trabajo en equipo con toda la familia, para lograr que nuestro hijo coma mejor.

La causa más frecuente de que un niño no coma bien o tenga un pobre apetito, es un mal hábito de alimentación. Claro, para llegar a la conclusión de que un niño no está comiendo bien por malos hábitos alimenticios, es preciso una evaluación completa de la salud y del estilo de vida del niño por el pediatra.

Lo recomendable, así como con los hábitos de sueño, es enseñarles a nuestros hijos desde el principio, que hay un tiempo para todo: para jugar, para dormir, para comer. También, que hay un lugar para hacer todas esas actividades: no se vale comer en la cama, dormir en el comedor o jugar en la cocina. Todo tiene su tiempo y su lugar. Es comprensible que de vez en cuando queramos cenar enfrente de una película, todos en familia, con palomitas, sándwiches y papas fritas. Pero no debe ser la regla.

Todo es cuestión de equilibrio.

De igual manera, comer dulces o comida chatarra, no debe estar prohibida de la vida de nuestros peques, pero tampoco debe ser una constante o un hábito diario. Sino, un de vez en cuando y por favor, por favor, NO COMO PREMIO. ¿Por qué? Porqué sino, crearemos una conexión fuerte entre una buena conducta o un momento de apapacho y cariño con la comida, sobretodo, con la comida dulce o chatarra: chocolates, helados, papitas. Entonces, cuando sean adultos y se encuentren tristes, será fácil recurrir a la comida como refugio y auto-indulgencia. ¿Sí o no cuando nos sentimos tristes, nuestro panorama se ilumina un poco con un delicioso helado de chocolate doble con fresa y una cereza? Pero también lo podemos llevar más lejos y llegar hasta la obesidad con todo lo que esta enfermedad implica. Por lo anterior, sugiero que les ahorremos a nuestros hijos esta “dulce” experiencia 😀

En cuanto a los horarios, es importante establecerlos de manera fija para el desayuno, la comida y la cena. Los horarios son importantes no solo como apoyo para unos buenos hábitos, sino también por salud.  Si desde pequeños establecimos horarios para darles la leche, seguramente observamos que, después de un tiempo, abrían su boquita como relojito para comer. La naturaleza es sabia y su cuerpo estableció un horario interno. Horario que los protegerá de los problemas gastrointestinales más comunes, como gastritis, colitis y estreñimiento, entre otros.

Ahora, vamos a una típica escena de la hora de la comida. La mesa está servida y nos sentamos en familia para disfrutar de una saludable comida en armonía. Prendemos la tele; ponemos los juguetes favoritos de nuestros retoños en la mesa para entretenerlos; instalamos un buffete casero… porque claro, todos comen algo diferente. Y la batalla comienza: “bebé mascarita sagrada” contra “mami cansada de este show diario”.  En ocasiones, también participa “hijo escolar no me gusta la comida”; “hija adolescente no quiero subir de peso” y “papá leo el periódico” o “papá cedo ante las suplicas de los niños de  no comer o comer algo diferente”. El réferi puede ser la abuelita o la tía con sus consejos de oro “que el niño coma lo que sea, no se vaya a desnutrir” o “no se para de la mesa hasta que no termine”. Intentamos todo para que nuestros hijos coman: rogamos, jugamos al avioncito, hacemos coreografías, damos de comer en la boca todo el tiempo, les exponemos la situación de la hambruna mundial, los niños de la calle que pobrecitos no tienen nada qué comer… ¡mejor dicho! Lo intentamos todo, todo para que los niños coman. Hacemos diferentes menús, castigamos el postre, la tele, la bicicleta, damos Pediasure, Danonino, gelatinas y jugos… todo, todo para que los niños coma. Y en lugar de que la hora de la comida sea un momento de gozo, se convierte en un verdadero campo de batalla, que colma la paciencia del más santo y al final, el niño no come.

¿Qué hacer? ¿Cómo re-establecer el orden y la paz en la casa a la hora de la comida? ¿Cómo lograr que nuestro hijo coma sin poner en peligro nuestra salud mental y la estabilidad de nuestro matrimonio y familia?

Con hábitos de alimentación:

  1. Comer sentados en la mesa y en familia. En estos tiempos en los que todo corre” a la velocidad del pensamiento”, se vale comer en familia sólo en algún tiempo de la comida y no diario, pero sí mínimo tres veces a la semana. Se ha demostrado en estudios serios que, los hijos adolescentes de familias que comen juntas, tienen mejor rendimiento académico y menos incidencia de toxicomanías (tabaco, drogas, alcohol y no necesariamente, rock n’ roll) y comportamiento delictivos. Comer en familia tiene muchas ventajas: fomenta la comunicación y el bienestar familiar, cultiva sentimientos de pertenencia a la familia, promueve la educación, buenos modales y auto-suficiencia, expande el mundo de nuestro hijos al probar diferentes alimentos y sabores, conserva la salud y previene enfermedades a través de una alimentación balanceada, variada, nutritiva y preparada en casa; además que beneficia nuestros bolsillos. Recuerden que una familia que come junta, permanece unida.
  2. No juguetes, televisión prendida o periódico en la mesa a la hora de comer. El momento de comer es un momento perfecto para convivir en familia, para compartir las experiencias del día. Vale la pena estar en ese ahí y en ese ahora, en lugar de distraerse con juguetes, tele o material de lectura. Recuerden: hay momentos y lugares para todo. Además, se ha observado que aquellos niños que comen frente a la tele comen más, aumentando el riesgo de obesidad. Los juguetes no son necesarios porque representan una distracción y a final de cuentas, un mal hábito.
  3. No hay premios ni castigos para comer. Aunque nuestro objetivo es bueno (que coman) el medio para conseguirlo también debe ser bueno. Evitemos “sobornar” a nuestros hijos con premios o “amenazarlos” con castigos. Así los veamos pequeñitos, los niños son inteligentísimos y la hora de la comida es una buena manera de enseñarles con la experiencia. Es decir, la consecuencia de sus decisiones. Sí, incluso en niños tan chiquitos como de 6 meses de edad. Entonces, si no quieren comer, lo primero es decirles de una manera clara, firme y respetuosa: “Juanito, vamos a comer todos. Si no quieres comer, no comas. Pero no habrá nada hasta la siguiente hora de comida”. En serio, sus hijos no morirán de hambre sino que entenderán que si no comen a esa hora, en verdad, no habrá nada hasta la siguiente hora de comida. Porque muchas veces, nuestra hija de 3 años nos dice: “no tengo hambre, mamá” y luego a la hora, nos pide comida. Y claro, le calentamos la comida para que coma. No vaya a ser que se quede bajita o se desnutra. De esta manera, el control lo tienen los niños, no nosotros como padres formadores. Lo que hacemos es apegarnos a los horarios de comida y ser flexibles con los horarios de las colaciones. Se recomienda que todos comamos cinco veces al día: Desayuno-Colación-Comida-Colación y Cena. De esta manera, supongamos que nuestro retoño decidió no tocar la comida a la hora del desayuno, que es a las 8 AM. Obviamente, como a eso de las 11 AM ya tiene hambre. Va con nosotros y nos pide de comer. Es entonces, cuando nos apoyamos de las colaciones como válvulas de una olla exprés. Y le decimos “Claro que sí, Juanito, ya casi es la hora de la colación, yo te aviso”. De esa manera, nosotros tenemos el control. No dejamos esperar a nuestro hijo más de 5 minutos, porque sino se le va a ir el hambre. Pero como en 2 o 3 minutos de nuestro reloj imaginario, le ofrecemos un tentempié: unos rollitos de jamón, una fruta. Algo sólido en pequeña cantidad. Así, se le quita el hambre pero no lo satisface por completo, de tal manera que no quiera comer en el siguiente tiempo de alimentación. Es cierto, muchos niños no comen ni desayuno, ni quieren colación, ni comida, ni nada. Y claro que ¡eso nos preocupa! Pero si cedemos y les dejamos comer cuando ellos quieran o que llenen sus pancitas con jugos, gelatinas y agua, o comida chatarra y dulces, nunca aprenderán a comer. Denle a sus peques la oportunidad de tener hambre. Si comen a cada ratito nunca comerán en forma. Unos días de ayuno, si es lo que sus hijos deciden, no los desnutrirán ni harán daño, pero si cedemos, los malos hábitos pueden en verdad desnutrirlos y enfermarlos.
  4. No jugos comerciales, gelatinas ni un exceso de agua o leche. Muchos niños se llenan con líquido, que les quita el hambre pero no los nutre. Es como cuando se nos mete a la cabeza la idea de hacer dietas y en lugar de comer, tomamos agua. ¿Qué pasa? Se nos quita el hambre y no subimos de peso. Pero justamente eso es lo que no queremos con nuestros hijos. O ¿sí? La siguiente pregunta sería, cómo saber cuánta agua/leche debe de tomar nuestro hijo. Y para eso está su pediatra. Para calcular de acuerdo a su peso y edad la cantidad de líquido que el peque necesita en el día.
  5. Comer lo que hay. La casa no es un restaurante. La hora de la comida es también una excelente oportunidad para enseñarles a nuestros hijos a comer de todo. Todos los niños tienen fobia a los alimentos nuevos. Es normal. Pero es de nosotros como padres no ceder ante “sus gustos” y ofrecerles el alimento nuevo o que no les gusta (como las verduras) una y otra vez. Que aparezcan siempre en el plato. No los obliguen a comerlos. Enseñen con el ejemplo (sí: eso significa que los padres tendrán que comer verduras también) y ofrezcan el alimento una, dos, cien veces. Probablemente, a la vez número 134 al niño le dará curiosidad y lo comerá. Recuerden que si ponen mucha atención a algo es más probable que lo rechacen. Entonces, libre albedrío y exposición, exposición, exposición. Bien dicen que la fuerza de la costumbre prevalece sobre casi cualquier cosa. Este caso, no es la excepción.
  6. Involucren a los niños en la comida. Dependiendo de la edad, nuestros hijos nos pueden ayudar a escoger el menú de la semana, ir de compras juntos y preparar la comida. De esta manera, los alimentos dejan de aparecer de manera mágica en la mesa aumentando las posibilidades de que los rechacen, sino que los involucra y compromete en el arte de bien comer. Seguramente, lo que aprenderán de esa convivencia les servirá cuando de grandes vivan solos, tengan pareja y será un hermoso recuerdo de su niñez.Ser constantes y trabajar en equipo. Si nuestras palabras no van acompañadas de actos que los respalden, difícilmente harán un impacto en nuestros hijos. Si les decimos: “si no comes no habrá nada hasta el siguiente tiempo de comida” y caemos en la tentación de calentarles la comida a la hora, nuestros peques sabrán que no hablamos en serio y no nos tomarán en serio. Son niños, no tontos. De igual forma, es importante ponernos de acuerdo en la familia. Porque si la mamá dice no dulces, pero el abuelito se los ofrece a escondidas, les estamos dando mensajes inconsistentes a nuestros hijos que no les benefician en nada.
  7. No tengamos miedo de establecer límites con nuestros hijos. Son para el bien de todos, pero sobretodo, de ellos. Unos límites claros, firmes y respetuosos permiten una convivencia amorosa en la familia y son una valiosa enseñanza para toda la vida. Este tipo de límites distan mucho de un autoritarismo inflexible o de unos límites laxos y permisivos que explotan cuando las cosas se salen de control.

En las siguientes Chiqui-Notas expondremos la importancia de iniciar la ablactación a los 6 meses de edad y cómo hacerlo. ¡Hasta la próxima!

 

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  1. Jessi

    marzo 20, 2013 at 7:32 pm

    Qué lindo artículo, de verdad me pareció el mejor!!! Mil gracias y espero que estos consejos nos ayuden a todos.