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Bronquiolitis

20 Nov

La bronquiolitis es la inflamación de la ramificación más lejana de las vías respiratorias, mejor conocida como bronquiolo. Esta inflamación incrementa la producción de moco, por lo que, en lugar de que los bronquiolos estén llenos de aire, se ocupan por moco. Obviamente, el tener más moco que aire en los bronquiolos dificulta una adecuada oxigenación.

Los virus son los principales responsables de esta inflamación, siendo más frecuente en los niños menores de 2 años, sobre todo entre los 3 y 6 meses de edad.  En ocasiones, toda esa cantidad de moco en los bronquiolos puede convertirse en una hermosa casa para las bacterias. Hacer la diferencia entre una bronquiolitis que solita se auto-limitará y una complicada por bacterias, le corresponde al pediatra.

Aunque la bronquiolitis se puede presentar en cualquier chiquito, los más susceptibles son aquellos que tuvieron bajo peso al nacer (< 2500 g) o que fueron prematuros. Los niños con enfermedades crónicas del corazón y del pulmón e inmunodeficiencias tienen también más riesgo. De igual manera, los hijos de padres fumadores (sí, así fumen fuera del cuarto del bebé o de la casa), aquellos que viven en hacinamiento (es decir, más de cuatro personas por cuarto) y los que acuden a guarderías.

En estos tiempos, raro es el cachorro humano que no acude a guarderías. Lo que podemos hacer para disminuir el riesgo de bronquiolitis y otras infecciones de las vías aéreas es, asegurarnos que nuestros hijos tengan todas las vacunas, medidas generales como aseos nasales y el Chiqui-Tip del aceite de almendras dulces en la periferia de las fosas nasales, así como una alimentación nutritiva y balanceada.

La bronquiolitis se presenta con mayor frecuencia en los meses fríos y empieza como una gripa o catarro (moquitos transparentes, congestión nasal, tos y fiebre por debajo de 39°C). Como al tercer día,  la tos puede empeorar y faltarles el aire o cansarse de tanto toser. Los niños pueden dejar de comer y de jugar, estár irritables o peor aún ¡no dar lata en lo absoluto! Es común que un peque con bronquiolitis se deshidrate: por la fiebre, por la respiración más rápida y porque no tomen líquido suficiente. No esperemos a que el niño se deteriore para darle suficiente agua o soluciones de hidratación oral.

Todos los signos anteriores pueden anticipar un estado de mayor gravedad, como la dificultad respiratoria.

¿Cómo reconocer si nuestro peque tiene dificultad respiratoria.

Retiren la camisa de su cachorro y observen. Si vemos que respira más rápido de lo normal y con esfuerzo, que las fosas nasales aletean y se hunde el espacio entre las costillitas y justo por debajo del cuello, le chifla el pecho y/o sus labios y manitas se tornan azules o moradas: ¡no hay tiempo que perder! ¡Al pediatra o al hospital! Recuerden que los niños empeoran de manera veloz, entonces, debemos actuar rápido y de manera anticipada. A los papás de mis pacientes siempre les digo “mejor que te digan: -no tiene nada- a –por qué no lo trajiste a tiempo-.” Camino al pediatra o al hospital se sugiere mantener a nuestro hijo en posición semi-sentada y hacia adelante; así como dar medicamento para disminuir la fiebre. La fiebre muchas veces hace que nuestros peques respiren más rápido, empeorando la dificultad respiratoria. Si no estuviera respirando muy rápido y siempre y cuando no esté muy somnoliento, podemos seguirlo hidratando hasta llegar con el médico. Sorbos chiquitos de agua o alguna solución de hidratación oral (Pedialyte, Electrolitos orales; no Gatorade).

El diagnóstico de bronquiolitis es clínico, es decir, no necesita de pruebas de laboratorio o placas de rayos X. El pediatra deberá reconocer si hay suficiente oxígeno en la sangre de sus peques, mediante un oxímetro de pulso. Si la saturación de oxígeno es mayor de 95% es muy probable que la bronquiolitis no sea grave. Si fuese menor, necesita oxigeno suplementario. De manera simultánea, evaluará el estado de hidratación del niño, para valorar la necesidad de hidratación intravenosa. El siguiente paso es reconocer si el virus es el único culpable o si se agregó alguna bacteria. De esto dependerá el inicio de antibióticos. En caso de no tener un bicho bacteriano viviendo en el organismo de sus peques, entonces, el tratamiento se basará en medidas generales como el control de la fiebre y la desinflamación de los bronquiolos con tratamiento inhalado (las famosas nebulizaciones). Ya en casa, continuaremos con las medidas generales de control de la fiebre y en algunas ocasiones, con las nebulizaciones. No debemos olvidar mantener nariz y gargantas libres de mocasines mediante aseos nasales bien hechos y  con una frecuencia dependiendo de las necesidades de cada niño.  Los humidificadores ayudan mucho, así como evitar corrientes de aire o cambios brucos de temperatura. ¿Bañarse? ¡SÍ, POR FAVOR! Diga NO a la creación de medios de cultivo para los bichos en el cuerpo de sus hijos 😀 Y tomar mucho líquido. Hay productos naturales hechos con eucalipto y alcanfor que crean un ambiente respirable, por así decirlo. Muchas veces, encerrarse en el baño con nuestros peques, abrir la llave de agua caliente de la regadera (siempre poniendo una cubeta para evitar el desperdicio de agua) y respirar el vapor ayuda mucho. Sobre todo, si acompañamos esta terapia de vapor con una terapia de palmadas en la espalda, bien dadas. Con bien dadas, me refiero a la mano echa conchita y no plana (¡no son nalgadas!) y de abajo hacia arriba de la espalda, cubriendo el área de las costillas, no por debajo. De preferencia, el niño debe de estar inclinado ligeramente hacia adelante, para que los mocos se ayuden de la gravedad para salir.

La tos irá remitiendo poco a poco. Recuerden que no hay un medicamento mágico que haga desaparecer la tos en un abrir y cerrar de ojos. Finalmente, la tos es un mecanismo de defensa que tiene el cuerpo para sacar el exceso de moco. Entonces, ¡seamos pacientes! Siempre con un ojo alerta y avizor, pero ¡pacientes! Se vale dar jarabes, pero muchas veces no deben ser la primera opción. Muchos niños mejoran con remedios caseros (bien hechos y recetados) y no hay necesidad de inundarlos con medicamento. Como todo en la vida, el tratamiento de la tos es dinámico y requiere paciencia, así como de un trabajo en equipo con su pediatra.

Por último, no olviden que los niños evolucionan muy rápido… para bien o para no tanto… Es por eso que, aprender a reconocer los signos de dificultad respiratoria, pero sobre todo, llevar a su peque a una revisión oportuna  con su pediatra, ¡hace toda la diferencia!

Esperamos que la información les sea de utilidad y nos vemos en la siguiente Chiqui-Nota.

 
1 Comment

Posted in Pediatria

 

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  1. Adriana

    mayo 17, 2013 at 1:34 am

    Muy acertado!! Hace una semana mi hijo de dos años con tres meses de edad, presentó este problema; no durmió en toda la noche, estaba irritado y se quejaba mucho de la espalda baja, su respiración era anormal, así que al siguiente día por la mañana decidimos llevarlo al pediatra, sin dudar, el doctor nos sugirió hospitarlo ya que la saturación de oxígeno era de 86%. Ya en el hospital, le aplicaron suero intravenoso y antibióticos, así como nebulizaciones cada 8 hrs. Después de cinco días, la enfermedad fue cediendo y lo que queda ahora es seguirlo tratando en casa.